domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 5.

...

Al fin se veían después de tantos días hablando, Víctor bajo del autobús con un nudo en el estómago, Paula lo esperaba escuchando música, al verlo se quitó los cascos y sonrió.

Bajaron las ramblas, hablando y contando cosas sin sentido, riendo todo el camino.

Llegaron a un bar muy bien situado cerca del parque del mar, allí se sentaron y comenzaron a hablar de sus vidas, de música, sus gustos eran muy parecidos, ella le sacaba dos años, pero tenían la misma mentalidad risueña.
Llegó la hora de irse y Paula acompañó a Víctor para que cogiera el autobús, pero una vez allí ella se ofreció a llevarlo en su coche, vivían en sitios opuestos, pero aun así ella lo propuso. Se quedó en blanco, accedió a regañadientes, se quedó sorprendido por el detalle.

Por el camino estuvieron callados, los nervios de la despedida se apoderaban de Víctor. Al llegar a casa de Víctor, este se bajó del coche y se despidió con dos tímidos besos.

Subió a casa y le envió un mensaje agradeciéndole que lo acercara, ella respondió y le preguntó si mañana le apetecería ir al cine, Víctor aceptó encantado.

Al día siguiente quedaron al mediodía, fueron a comer y al cine, al salir Paula propuso ir a los bolos.
Una vez allí hicieron un par de partidas, Víctor ganaba por trampas, trampas que hacían reír a Paula.

Se les hizo tarde así que aprovecharon para ir a tomar algo a una discoteca cercana, bailaron un poco y tomaron algo.
Al salir Paula le propuso a Víctor a ir a su cuarto de la residencia de estudiantes, para no dar tanta vuelta, Víctor avergonzado aceptó.

Al llegar se acostaron en la cama, Paula acariciaba el pelo a Víctor tiérnamente, el la besó.

El tiempo transcurrió, ambos se querían, y en sus círculos de amigos ya sabían de la existencia de la otra parte, y su significado, eran una pareja.

Todo era perfecto, sorpresas en playas desconocidas para Víctor, noches en vela mirando al cielo, sólo había un problema, paula estaba de paso, era de una isla vecina y solo estaba aquí estudiando la carrera, de la cual era su último año.

Las dudas de Víctor otra vez crecían, ella se iba a ir, y,¿si no volvía?, el no quería sufrir bastante mal creía el que lo había pasado ya en el pasado, como para volver a pasarlo.
Tomó una decisión inmadura para la edad de 22 años que ya tenía. Olvidarla y sacarla de su vida antes de que pudiera hacerle daño.
No fue fácil, ella lloraba, y el sólo podía mostrarse como el malo para que se fuera, el la quería, pero sus miedos lo cegaron.
Ella se fue al día siguiente, un adiós y una contestación infantil fueron sus últimas palabras.

Pero no exactamente las últimas.

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